4 feb. 2012

Estracto 22


Se acurrucó una noche más con la soledad entre las sábanas frías, hecha un ovillo, abrazándose a su propio cuerpo.
Poco a poco fue sumergiéndose en esa espesa bruma hasta que calló en las garras de Morfeo. 

 Y estaba ante una pared blanca en la que se proyectaban, desde algún lugar, sus recuerdos, sus sueños y las ilusiones de un mañana.
Todo lo que vivió y lo que creyó que viviría pasaba ante sus ojos.
Una barra de acero en su mano, sostenida con firmeza y que golpeaba rítmicamente contra el suelo mientras contemplaba las imágenes.
De repente estaba apaleando aquella pared, destruyendo cada ilusión y cada recuerdo, cada paso que no daría, todo lo que ya no podría ser. En un rincón apareció una cama, que la atraía sin remedio. Y allí se. quedó dormida.

Y caminaba despacio por un paisaje idílico, contemplaba con traquilidad todo cuanto la rodeaba, sin prisa. Todas las ciudades, todos los sitios que deseaba ver. Pero su mano se aferraba al aire, no estaba la de Carín para sujetarla.
Y en un parapadeo cayó desplomada en el suelo.

Se despertó en la habitación blanca, rodeada de cristales rotos, de su mundo hecho añicos. Una sombrá cruzó la habitación, se detuvo ante la puerta y la miró. Con una expresion que había visto demasiadas veces en sus ojos azules. Tristeza...
Salió y dio un portazo. Sin mirar atrás.

Aurora se despertó en su cama,
tiritando de frio,
desconcertada.

Genius

Esa señora de capa larga que se esconde tras cada esquina,
la hada brillante de alas vibrantes que te susurra al oido...

Ese despertar de repente y saber que tienes que sacarlo,
la locura de no poder controlarlo...

La tristeza desgarradora de no conseguir lo anhelado,
el no poder ir más allá de uno mismo...

La condena de crear, de ver lo que no existe y hacerlo real,
Ver,oir,sentir...

Y el irremediable final